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Invertir pensando en su futuro…..


Invertir pensando en el futuro. Esa es la premisa por la que muchos de nosotros nos guiamos dentro de la sociedad. Así nos criaron y así pensamos. Sin embargo, en este punto resulta oportuno formularse la siguiente pregunta: ¿cuándo empieza el futuro en nuestras vidas? O mejor dicho, ¿cuándo el futuro se vuelve presente?

Desde luego que este tipo de interrogantes no suelen aparecer hasta cruzar la frontera de los cuarenta años. Antes de eso difícilmente lleguemos a planificar cómo será nuestra vida como mayores adultos, por ejemplo, viviendo en una residencia para la tercera edad. No obstante, la mayoría de nosotros estaríamos de acuerdo en que no nos gustaría para nada ser una carga para nuestros hijos y nietos; aunque realmente no hay motivos para que lleguemos a serlo.

La esperanza de vida se expande cada vez más y a un ritmo más y más acelerado. La ciencia avanza, los tratamientos se perfeccionan, transformando para siempre nuestra noción tradicional de qué es ser viejo, y cuándo esto efectivamente ocurre. Lejos estamos de la época en la que jubilarse del trabajo significaba, en cierta forma, retirarse de la vida activa. Y si hablamos de nuestro futuro, ¿por qué no tener en cuenta nuestra vida a partir de la tercera edad como mayores adultos?

pmEl tema puede llegar a asustarnos, por supuesto, lo cual no tiene nada de malo; en cierta forma, es perfectamente natural sentirse un poco intimidados. Sin embargo, no por eso vamos a dejar las cosas libradas al azar; y menos aún cuando esas pequeñas decisiones pueden tener un enorme impacto en nuestro círculo familiar.

Más aún, la frontera que nos separa de la tercera edad es cada vez más difusa. Nadie podría decir efectivamente cuándo comienza. Razón por la cual nada nos impide experimentar esa etapa de la vida en plenitud.

Ahora bien, en nuestros tiempos nos acostumbramos a vivir una vida vertiginosa, llena de ocupaciones, ansiedades, plazos y breves pero esenciales momentos de distensión; con lo cual sería válido reflexionar que nuestra tercera edad necesita algo más que solo descanso. ¿Por qué habría de ser esa nuestra única expectativa? ¿Quién quiere descansar de la vida? Nuestros adultos mayores pueden y deben disfrutar de sus vidas, y eso solo se logra en un entorno de seguridad, comodidad y realizando actividades constantemente.

Solo de esa forma, creo, es posible pensar en nuestro futuro de una forma optimista, orgánica, vital, que integre aquello para lo que hemos sido programados: esfuerzo, trabajo y responsabilidades. Actuar de otro modo frente a los mayores es, en última instancia, una verdadera falta de respeto y un insulto a la razón.

Actualmente existen centros residenciales para mayores que cubren todas las necesidades de la nueva tercera edad, o cuarta, por llamarla de alguna forma; si es que la ciencia consigue sostener en el tiempo ese acelerado ritmo de crecimiento en el estudio y tratamiento de las enfermedades asociadas a la vejez, algo que no parece en absoluto ilógico. Si la ciencia logra mantenernos activos y saludables, ¿por qué habríamos de insistir en esa visión retrógrada de la vejez como un corte abrupto con la vida activa?

El miedo, en definitiva, nunca es un buen consejero, aunque de tanto en tanto conviene tenerlo en cuenta para terminar de definir asuntos de gran importancia para nuestro futuro. Algún día seremos nosotros quienes miremos hacia atrás, sin dejar de pensar y desear que nuestro presente no nos excluya del futuro.

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