Esta quema en las islas del Paraná se realiza desde hace décadas pero este año la situación se descontroló. Los efectos se sintieron en Capital Federal, noroeste de Buenos Aires y sur de Entre Ríos, incluso hasta alcanzó algunos puntos del país vecino, Uruguay.
"Si bien la quema de pastizales se ha usado como parte de las prácticas agropecuarias, a la luz del conocimiento actual sobre conservación del suelo, protección de la biodiversidad y mitigación del cambio climático, no hay duda de que se trata de una práctica perimida e irresponsable" expresó el director de la Fundación Proteger Jorge Cappato.
Los efectos en la salud
Los agropecuarios se jactan de responsabilizar al Estado, al igual que los ambientalistas. El Estado se pronuncia en contra de los agropecuarios, que sumado al conflicto del campo todavía en negociación, busca culpables para impartir justicia y salir ilesos.
La culpa es de todos, productores, gobernantes y la sociedad en su conjunto que lo único que hacemos es buscar culpables en lugar de ocuparnos del tema.
Es aceptable y coherente oír a las asociaciones ambientalistas quejarse por los daños ambientales. Pero también es de suma importancia tener la capacidad de ver más allá de nuestras narices, donde lo que está en juego es la salud de los pobladores.
Las cantidades de humo que llegaron a la ciudad de Buenos Aires y la Capital Federal, al igual que al sur de Entre Ríos provocaron infinidad de problemas respiratorios, y no solo a quienes padecen estos problemas sino a toda la población. Los hospitales se vieron desbordados de niños, adultos y ancianos que debieron recurrir a las salas de guardias a hacerse atender. Se agudizaron las consultas debido a irritaciones sensoriales como garganta seca e inflamada, lagrimeo y dolor en los ojos, edema e inflamación, cambios en la piel y en la mucosas membranosas, así como también efectos en el sistema nervioso central. Y seguramente otras afecciones que aparecerán con el tiempo y de las cuales nadie será responsable.
Accidentes de tránsito
Las pérdidas humanas sufridas debido a los accidentes de tránsito merecen un capítulo especial en este informe.
Las rutas fueron el escenario de grandes choques que terminaron con vidas inocentes. Las políticas de Estado llegaron tarde, cuando ya muchas personas habían perdido la vida. Sumado a esto la imprudencia de algunos conductores que respetan la vida de los demás tan poco como la propia y piensan que están exentos de cualquier eventualidad. Cuando menos lo piensan se encuentran envueltos en una nube de humo que los atrae y los convierte en un montón de hierros rotos y retorcidos.
Y allí, los que salvan su vida milagrosamente comienzan con los reclamos de control y la búsqueda de responsables. Hasta el momento son los héroes y apurados que valoran más llegar a destino que respetar sus propias vidas.
Los incendios siguen descontrolados y todas las buenas intenciones de solución se disuelven en un montón de cenizas que se esfuman por el aire.
Los problemas de salud se van a acentuar, al igual que los ecológicos, ambientales y económicos. Las soluciones inmediatas no se avizoran y los damnificados son, como siempre, las personas inocentes.