Debido a esta característica asintomática, se considera que en el mundo existen 200.000.000 de infectados y la mayoría no saben que lo están, generalmente su detección es casual (cuando se acude a donar sangre, por ejemplo) o cuando el médico realiza un completo chequeo físico.
Dentro de los síntomas apreciables algunas personas con hepatitis C pueden sentir una sensación similar a la del estado gripal y señales tales como: cansancio; nauseas; pérdida del apetito; fiebre baja; dolor abdominal; prurito; picazón. Algunas personas también pueden presentar: color amarillento de los ojos y/o la piel (ictericia); oscurecimiento de la orina; excremento de color arcilla (color muy claro). Sin embargo estos síntomas son comunes a otras enfermedades, por ello es necesario consultar al médico especialista.
La detección se realiza a través de un simple análisis de sangre donde se verifica si existen anticuerpos para hepatitis C (Anti-HCV). Quienes tienen anticuerpos de hepatitis C este análisis será positivo, y luego será confirmado por otro estudio de sangre llamado PCR, donde se puede medir también la cantidad de virus en sangre.
El análisis para detectar hepatitis C no es un análisis de rutina, sino que el paciente o el médico deben autorizarlo. En muchos países es gratuito, cubierto por las obras sociales, seguridad social o seguro de salud, también es gratuito en los hospitales públicos, y realizado en forma particular no es un análisis que tenga un costo elevado.
La transmisión del virus de la hepatitis C se realiza por contacto directo con sangre infectada o hemoderivados, sangre directa, por vía parenteral, siendo la transmisión sexual de muy baja incidencia. Pero en caso de relaciones sexuales de riesgo es recomendable el uso de preservativos. La esterilización adecuada para evitar el virus de la hepatitis C es recomendable, sobre todo cuando se acude al odontólogo, podólogo, manicura y todos aquellos profesionales que utilicen elementos cortantes o invasivos en el cuerpo (tatuajes, piercing, etc.). Sin embargo es importante destacar que el contagio no se produce por besos, abrazos, sudor, tos, comidas, contacto casual, amamantar o por compartir vasos, cubiertos o platos.
Medidas de prevención
Es importante evitar el uso compartido de agujas y jeringas, así como también las cuchillas de afeitar, cortaúñas, cepillos dentales, ni ningún elemento cortante. Y en caso que exista riesgo de contacto con sangre utilizar guantes. Usar preservativo ante cualquier contacto sexual no habitual o en conductas sexuales de riesgo. Proteger las heridas con apósitos o vendas adecuadas, utilizando material esterilizado y descartable ante cualquier procedimiento donde pueda haber sangre aunque sea una ínfima cantidad, como en el caso de cuchillas de afeitar en la peluquería, colocación de piercings, en el podólogo, odontólogo, etc.
Hay personas que pueden resultar más expuestas a contraer la hepatitis C que otras, entre ellas se cuentan: quienes recibieron una transfusión de sangre o hemoderivados o un trasplante de órgano, principalmente si fue antes del año 1992. Los trabajadores de las áreas donde sea posible el contacto eventual o directo con sangre, como enfermeras, médicos, paramédicos, odontólogos, bioquímicos, etc. Personas que tuvieron atención medica en lugares que no estaban preparados para esterilizar, odontología, podología, etc. Personas que tengan signos o síntomas de la enfermedad (por ejemplo enzimas TGO y TGP por encima de lo normal). También el caso de pacientes que hacen o hicieron hemodiálisis, hemofílicos. Así como también personas con tatuajes o piercing, o quienes se inyectaron o aspiraron drogas, aunque sea una sola vez en su vida. Gente con múltiples parejas sexuales o comportamientos sexuales de riesgo, personas que viven con HIV, así como quienes nunca efectuaron un control de su función hepática, aun habiendo tenido síntomas menores.
Existen tratamientos que combaten la hepatitis C, y los mismos deben ser indicados por el médico. La terapia estándar aplicada actualmente consiste en la asociación de dos fármacos llamados Interferón Pegilado y Ribavirina. El objetivo del tratamiento es lograr negativizar la actividad viral sosteniéndola en el tiempo.
El virus fue reconocido, recién en el año 1989, antes se denominaba hepatitis no A -no B, hasta que finalmente se la identificó como Hepatitis C y se empezó a estudiar las características de este virus, que difiere de las otras formas de hepatitis.
Diferencia entre las distintas hepatitis
La hepatitis A es una enfermedad que se transmite generalmente por beber agua o comer verduras o frutas frescas lavadas con agua contaminada por el germen. El contagio también se puede producir de persona a persona, por lo que es frecuente que en una familia haya varios afectados a la vez, o que aparezcan brotes en instituciones (por contagio simultáneo de varias personas con los productos contaminados).
En la mayoría de los casos se cura sin tratamiento y los pacientes quedan inmunizados, de forma que no se vuelven a contagiar. No existen portadores de la enfermedad que puedan contagiar después de la fase aguda.
La hepatitis B se contagia por vía sexual, de la madre al hijo, por transfusiones de sangre o por pinchazo con agujas contaminadas. Los hijos de madres con infección activa enferman en más del 90% de los casos si no son protegidos adecuadamente. Los usuarios de drogas por vía parenteral, el personal sanitario, los pacientes en hemodiálisis, las personas que conviven con un paciente con infección crónica por virus B y las personas con vida sexual promiscua son los que más riesgo tienen de infectarse.
Algunos pacientes se curan sin secuelas y tienen una inmunidad (es decir no vuelven a contagiarse) tras haber pasado el cuadro. Otros pacientes mantienen su capacidad de contagiar a los demás sin que esto les afecte a ellos mismos. Se denominan portadores crónicos y esta capacidad de contagio se debe a una partícula del virus denominada ‘antígeno Australia’ que persiste en estos individuos. Un tercer grupo de pacientes puede cronificar la enfermedad y desarrollar hepatitis crónica o cirrosis. Éstos tienen la capacidad de contagiar la enfermedad, pero a diferencia de los portadores, el virus les afecta negativamente también a ellos.
La hepatitis C se contagia por transfusiones y agujas contaminadas fundamentalmente. Con menos frecuencia, la infección se puede adquirir por vía sexual o materno-fetal. En numerosas ocasiones, el modo de contagio no es conocido.
Más del 90% de los pacientes no tiene síntomas cuando contrae la enfermedad y ésta se suele descubrir de forma casual en un análisis o cuando comienza a dar síntomas porque ha producido una hepatitis crónica o una cirrosis. Entre un 50-70% de los pacientes infectados desarrolla una hepatitis crónica. Estos pacientes tienen la enfermedad y además la pueden contagiar a los demás.
19 de mayo día mundial de la hepatitis C
Con el objetivo de concienciar a la población en general sobre estas afecciones cuyo virus está presente en 1 de cada 12 personas, y en base a esta cifra, el lema de la actual campaña mundial a la que han adherido más de 200 entidades, a nivel internacional, es “¿Soy yo el número 12?"
Existen datos alarmantes sobre la hepatitis B y C que no son para desestimar: según se calcula entre unas 500 y 600 millones de personas en el mundo (1 cada 12 individuos) están infectados con la hepatitis viral crónica B o C, de los cuales, la gran mayoría, no lo sabe.
Fuente: www.elmundo.es/elmundosalud, www.hepatitisc2000.com.ar